{"id":701,"date":"2021-01-07T21:28:18","date_gmt":"2021-01-07T21:28:18","guid":{"rendered":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/?p=701"},"modified":"2021-01-07T21:28:50","modified_gmt":"2021-01-07T21:28:50","slug":"el-extrano-estigma-de-las-aguilas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/el-extrano-estigma-de-las-aguilas\/","title":{"rendered":"El extra\u00f1o estigma de las \u00e1guilas."},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"701\" class=\"elementor elementor-701\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-5fe4e85f elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"5fe4e85f\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-895b7b4\" data-id=\"895b7b4\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-73cd52fc elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"73cd52fc\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\n<p><em><strong>Por: Miguel Andreis<\/strong><\/em><span style=\"background-color: rgba(30, 30, 30, 0.2);\"><b><br><\/b><\/span><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La cebolla<\/strong><div><br>El motor de nuestro veh\u00edculo hab\u00eda comenzado a calentar. Tos\u00eda. Desand\u00e1bamos<br>la ruta que atraviesa las partes m\u00e1s cercana al cielo de las Altas Cumbres. Detuvimos<br>la marcha cerca de un viejo rancho de adobe y paja. La sombra no abundaba. Un criollo de rasgos intemporales se puso de pie y se encamin\u00f3 a recibirnos. Est\u00e1bamos a pocos kil\u00f3metros de Mina Clavero. Sonri\u00f3 y el vac\u00edo en su boca expon\u00eda una realidad de carencias ancestrales.<br>Estir\u00f3 la mano y el saludo fue casi un gemido que se dispersaba con el viento. Un raqu\u00edtico humo envolv\u00eda una negra y vieja pava. Nos invit\u00f3 a acercarnos. Cont\u00f3 que era una cuesti\u00f3n muy frecuente que all\u00ed los autos se apunaran. Ingres\u00f3 al rancho y al rato sali\u00f3 con una cebolla cortada en trozos: \u201cp\u00f3nganselo en la toma de aire\u2026 le ayudar\u00e1\u201d. Nos miramos. Cont\u00f3 que se hab\u00eda jubilado en la Municipalidad de Nono, y que por un problema de salud debi\u00f3 radicarse all\u00ed\u2026 Ese lugar, a esa hora de la tarde se convert\u00eda en una foto de realismo m\u00e1gico.<br>El sol declinaba su fuerza y la luz adquir\u00eda un color rojizo. Est\u00e1bamos en silencio cuando nos quedamos absortos viendo el vuelo de las \u00e1guilas a muy pocos metros.<br>Aves imponentes. Bell\u00edsimas. Abrumadoras. Apenas un imperceptible movimiento de las puntas de sus alas y la danza adquir\u00eda entorno de majestuosidad.<br>En mi caso nunca las hab\u00eda visto volando tan cerca. El viejo levant\u00f3 una mano como en se\u00f1al de saludo. Jurar\u00eda que ellas le respond\u00edan con sus movimientos. La danza se extendi\u00f3 por unos treinta minutos\u2026<\/div><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cYa se van para sus nidos, espero la tarde para observarlas. Aqu\u00ed el n\u00famero m\u00e1s o menos se mantiene. El gobierno las cuida\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Sac\u00f3 la pava de las brasas. Se present\u00f3: \u201cMi nombre es Octavio Bern\u00e1rdez\u2026\u201d, indic\u00f3 con el sosiego de los que desechan los relojes. \u201c\u00bfUstedes conocen la vida de las \u00e1guilas?\u201d Interrog\u00f3.<br>Respondimos que no. \u201cEs algo maravilloso, saben las veces que pienso en el parecido que tienen con nuestro pa\u00eds\u2026 ning\u00fan ave se nos asemeja tanto\u201d\u2026 \u00bfQu\u00e9 parecido podemos tener? Mascull\u00e9 en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>31 de diciembre a la tarde<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hombres y mujeres con bolsas recargadas. Sobre mi mesa de trabajo una recopilaci\u00f3n de peri\u00f3dicos con los casos m\u00e1s resonantes del 2009. Le\u00ed lo de las \u00faltimas horas. Eduardo Duhalde asumir\u00e1 p\u00fablicamente su candidatura a la Presidencia para el 2011. Me pareci\u00f3 una perspectiva interesante. Deb\u00eda elaborar un informe con los otros datos. Un trabajo de resumen que hago desde hace a\u00f1os. Nunca como en estos dos o tres \u00faltimos recuerdo tantas confrontaciones y palabras que se repiten como: corrupci\u00f3n, asesinatos, inseguridad, agresividad; el sobredimensionamiento del resentimiento. Y por ah\u00ed ya aparec\u00edan el \u201cque se vayan todos\u201d. Pasamos a recortes m\u00e1s recientes.<br>All\u00ed la tinta nos indicaba, desde el nunca aclarado tema de las valijas de Antonini Wilson; el conflicto con el campo que jam\u00e1s se atenu\u00f3; el enfrentamiento con Cobos; la ley de Medios Audiovisuales; la estatizaci\u00f3n de la televisaci\u00f3n del f\u00fatbol\u2026 leyes que la escriban\u00eda de la Legislatura dimension\u00f3 hasta el infinito. Y el infinito se las trag\u00f3.<br>Gobernantes que conciben el poder de una sola manera: el autoritarismo como la esencia del populismo. No conciben el sentido de rep\u00fablica. Tampoco hoy que ya no son gobierno.<br>Argentina perdi\u00f3 el poco sosiego que ten\u00eda\u2026 la paz levant\u00f3 vuelo y se meti\u00f3 en una nube de turbulencias. La incertidumbre y el odio se ba\u00f1an en la misma tinaja\u2026 corr\u00ed los diarios, el teclado estaba alerta. Aquella charla con don Octavio Bern\u00e1rdez golpeteaba mis silencios\u2026 \u00bfEn qu\u00e9 nos podemos parecer a las \u00e1guilas?<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>El \u00e1guila se expone con dignidad, libertad y fascinaci\u00f3n. Tiene rasgos de sol, y de tormenta a la vez. Representa al guerrero inclaudicable. \u00bfSomos eso? Me pregunt\u00e9. Encierran un ancestral sentido del simbolismo del fuego. Vuelan diferentes. Usan las corrientes para alcanzar distancias que otras especies no logran. El pico ganchudo y las garras \u00e1speras son implacables. Es el poder que desciende desde el cielo con la velocidad de un rel\u00e1mpago\u2026 \u00bfC\u00f3mo pa\u00eds lo somos? Dud\u00e9 en la comparaci\u00f3n. Quiz\u00e1s en lo altivo, en eso nos parecemos. No me cerraba.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Ese hombre nos hab\u00eda atrapado. Bern\u00e1rdez solt\u00f3: \u201cSi les cuento que estoy aqu\u00ed por las \u00e1guilas no me lo creer\u00edan\u2026 me sedujo su sentido existencial. \u00bf\u00a1Qu\u00e9 podemos aprender de las \u00c1guilas!?\u2026 Primeramente no vuelan bajo, buscan las grandes alturas, generalmente construyen sus nidos a 1800 metros sobre el nivel del mar. Instruyen a sus hijos hasta que estos pueden volar por s\u00ed mismos. Cuando est\u00e1n en condiciones de sobrevivir por sus propios medios. Pero lo m\u00e1s enigm\u00e1tico es c\u00f3mo reconocen a tiempo sus signos vitales de envejecimiento, instancia en que inician el proceso m\u00e1s trascendental de su vida.<\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Cuando alcanzan aproximadamente los cuarenta a\u00f1os van perdiendo sus fuerza para volar en las grandes alturas. Las plumas viejas se tornan pesadas; su pico se encorva hasta casi no poder abrirlo, y sus garras de vuelven muy apretadas y carentes de filos. No puede sostener a sus presas. Entonces ella asume el control de su vida. Toma a su cargo la responsabilidad de prolongar su existencia y decide, inexplicablemente, renovarse a s\u00ed misma. Sabe que de lo contrario perecer\u00eda. Entonces se aparta en soledad en lo m\u00e1s alto de las monta\u00f1as, en huecos ubicados en paredes verticales para que no llegue ning\u00fan intruso a desafiarla. Seguramente se acomodar\u00e1 all\u00ed donde alguna vez dej\u00f3 olvidado un nido y se somete a un proceso sumamente doloroso pero vital; golpear\u00e1 con fuerza contra una roca su pico hasta que su vieja corteza se desprende totalmente. Entonces esperar\u00e1 el nacimiento de nuevo y fuerte pico. No se mover\u00e1 para no gastar energ\u00edas hasta que nuevamente el pico crezca hasta su tama\u00f1o normal, entonces con el mismo se arrancar\u00e1 una a una todas sus u\u00f1as. Sus garras. Esto le llevar\u00e1 unos cuatro meses. Ya con las flamantes u\u00f1as, filosas y negras se sacar\u00e1 todas las viejas y pesadas plumas hasta quedar solamente la piel. El riesgo de morir de inanici\u00f3n est\u00e1. Lo sabe. Ella tranquila esperar\u00e1 el proceso de rejuvenecimiento para volver a la majestuosidad de su vuelo. Se estima que luego de esa metamorfosis vivir\u00e1 vigorizada unos treinta a\u00f1os m\u00e1s. Miren si no se trata un ave diferente\u2026\u201d.<\/h5>\n\n\n\n<p>Ninguno emiti\u00f3 respuesta. Ese hombre de a\u00f1os indescifrables nos hab\u00eda instruido sobre un v\u00e9rtice viviente de la naturaleza. Se acomod\u00f3 en su banquito de paja desflecada y sentenci\u00f3 \u201cArgentina se le parece, cuando el maltrato se potencia, el odio nos inunda, las inequidades<br>se hacen palabra com\u00fan, entonces perdemos la capacidad de volar, y creo que estamos cerca de vivir un nuevo proceso de transformaci\u00f3n vital. Se han preguntado por cu\u00e1ntas transformaciones dolorosas hemos pasado antes de renovarnos\u2026 quiz\u00e1s que arranquemos para transformarnos y sobrevivir\u201d.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Regresamos en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Cada uno pensando sobre las virtudes del \u00e1guila que desconoc\u00edamos. Apilo los diarios. Arranco la primera hoja del almanaque. Enero 1 de 2010\u2026 tal vez lo que nos cont\u00f3 Octavio Bern\u00e1rdez, all\u00e1 donde las alturas conmocionan, guarde cierta similitud con lo que nos pasa o sea simplemente una leyenda. Si hasta imagino que estamos a punto de cambiar las garras y el pico curvo. Lo necesitamos. Ser como \u00e1guilas. Volar sobre los peligros de la inconciencia que alimenta el poder; ser luz expansiva y habitante que desecha el caos; rugido poderoso que aleja la tormenta; y su baile y su danza son el esp\u00edritu sutil de la recuperaci\u00f3n\u2026<br>Tal vez sea hora que nos atrevamos a esperar el rejuvenecimiento. Sufrir, el hombre tiene raz\u00f3n, hemos sufrido y no poco\u2026 apostemos a que nos saldr\u00e1n nuevas plumas\u2026 debemos<br>aprender a volar alto nuevamente\u2026 muy alto. No nos dijo si los pa\u00edses se parecen a las \u00e1guilas\u2026, la imaginaci\u00f3n de cada qui\u00e9n, le agregaba im\u00e1genes al relato. \u00bfNos parecemos?<br>Apenas un pu\u00f1ado de cebollas en el carburador nos permiti\u00f3 volver sin que el veh\u00edculo se apunara\u2026<\/p>\n\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Miguel Andreis La cebollaEl motor de nuestro veh\u00edculo hab\u00eda comenzado a calentar. Tos\u00eda. Desand\u00e1bamosla ruta que atraviesa las partes m\u00e1s cercana al cielo de las Altas Cumbres. Detuvimosla marcha cerca de un viejo rancho de adobe y paja. La sombra no abundaba. 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