{"id":636,"date":"2020-12-03T03:21:39","date_gmt":"2020-12-03T03:21:39","guid":{"rendered":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/?p=636"},"modified":"2020-12-03T03:21:39","modified_gmt":"2020-12-03T03:21:39","slug":"la-bicicleta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/la-bicicleta\/","title":{"rendered":"La bicicleta"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>Escribe: Leonardo Diego Mu\u00f1oz<\/em><\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Villa Verde era un pintoresco caser\u00edo en los faldeos cordilleranos de Cuyo, un t\u00edpico y antiguo asentamiento de casas bajas, adobe, techos planos o a dos aguas y de una sola planta, con la torre de la blanca capilla sobresaliendo de la horizontalidad edilicia. Su nombre reflejaba una esperanza antes que una realidad, la aridez del paisaje contrastaba con su toponimia. La perezosa existencia de sus habitantes s\u00f3lo era sacudida por alg\u00fan movimiento tel\u00farico regular, las fiestas patrias y religiosas y el partido mensual contra los vecinos de Pozo Seco. El caser\u00edo no era muy diferente a Villa Verde, entre ambas localidades sosten\u00edan, sin excesos de ning\u00fan tipo, una vieja disputa de l\u00edmites. Los escritos m\u00e1s antiguos se\u00f1alaban el l\u00edmite de las pedan\u00edas sobre un arroyo seco, \u00a1pero!, dos cauces secos se encontraban entre los pueblos, no logr\u00e1ndose para el tiempo que les cuento un acuerdo al respecto de cual era el cauce hist\u00f3ricamente mencionado. Esta diferencia provoc\u00f3 un curioso hecho que paso a narrar. <\/p>\n\n\n\n<p>El viejo Varela vivi\u00f3 sus \u00faltimos a\u00f1os en el ranchito que heredara de su abuelo materno, ubicado precisamente entre los dos cauces secos. Hombre solo y beneficiario de una magra pensi\u00f3n, el viejo dej\u00f3 la ciudad para trasladarse a la vieja tapera, la que acondicion\u00f3 tan bien como sus ganas de trabajar y humildad de recursos le permitieron. Hab\u00eda llegado en una bicicleta con un peque\u00f1o hato sobre la parrilla del rodado, seguido de dos perros galgos \u201ccruza\u201d, que no dudaron acompa\u00f1ar al personaje a su nueva morada. All\u00ed pasaba los d\u00edas, tom\u00e1ndose algunos amargos, descabezando largas y sostenidas siestas, comiendo pobremente. Se llegaba al pueblo a tomar algo en el boliche los domingos, traslad\u00e1ndose en su \u00fanica movilidad, la bicicleta, que tambi\u00e9n usaba para dirigirse a la ciudad para cobrar mensualmente la pensi\u00f3n. Sol\u00eda visitarlo el cura, cuando en sus llegadas mensuales para celebrar la Santa Misa en alguna de las villas, pasaba por el ranchito; entonces Varela le ofrec\u00eda el \u00fanico banquito y se sentaba en una seca cabeza de vaca para compartir unos \u201camargos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El cura era otro personaje de esta mir\u00edada de seres repetidos a lo largo de la humilde geograf\u00eda rural argentina. Cuando mensualmente celebraba Misa, se congregaban en la capilla de turno los vecinos de ambas localidades, compart\u00edan luego alguna comida y bastante bebida, concluyendo la jornada con el partido de f\u00fatbol. El mismo cura oficiaba de \u00e1rbitro por tres razones determinantes, estaba vestido de negro, hab\u00eda jugado al f\u00fatbol de joven y era autoridad inobjetable. Mechaba el arbitraje con sermoneos ante faltas un tanto exageradas y excesos de lenguaje de los players. La \u201cde cuero\u201d rebotaba de ac\u00e1 para all\u00e1, rodando pocas veces por cierto, buscada ansiosamente y maltratada casi siempre. Cada jugador, sudoroso y voluntarioso, entre polvaredas y revolcones, dejaba lo mejor de s\u00ed. Jugar ese partido mensual era cuesti\u00f3n de honor y necesidad, ya que a gatas llegaban al once titular.<\/p>\n\n\n\n<p>Cierta vez, en su visita mensual, el cura se detuvo con extra\u00f1eza frente al rancho del viejo Varela al no verlo afuera, encontrando en el interior de la vivienda el cuerpo sin vida de su due\u00f1o y junto a \u00e9l su fiel perro, el \u00fanico que le quedaba tras el paso de los a\u00f1os. Tan tranquilo como hab\u00eda llegado al lugar, el viejo se hab\u00eda ido a los pagos del Cielo. S\u00f3lo hab\u00eda dejado ese terreno, una mesa y un banquito, su catre, algunos elementos de cocina, lo puesto, su perro y la bicicleta. Hubo dudas sobre el lugar correcto para que su cuerpo fuera enterrado dada la disputa lim\u00edtrofe, pero el Juez de Paz autoriz\u00f3 el enterratorio a pasos de su morada. Todo se dej\u00f3 como estaba, excepto la bicicleta, que ser\u00eda jugada en un partido homenaje en la siguiente Misa de mes. Tras ofrecer los Santos Oficios por el alma del difunto se disputar\u00eda el match, y el premio ser\u00eda entregado al ganador para ser puesta a disposici\u00f3n de la comuna \u201cseg\u00fan se la precisase\u201d, tal cual constaba en acta.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 el d\u00eda del partido, todos estaban all\u00ed luego de la celebraci\u00f3n<br>religiosa, no hab\u00eda tribunas llenas porque tribunas no hab\u00eda, pero el entusiasmo popular acompa\u00f1aba la jornada. El cura ajust\u00f3 un despertador de campanilla para que marcara el final del primer tiempo a los veinte minutos. Minuto de silencio y arranc\u00f3 el partido. Las alpargatas \u201cbigotudas\u201d y m\u00e1s de un descalzo, comenzaron a recorrer el campo de juego, los chicos gritaban entusiasmados a la vera de la cancha, corriendo de un lado a otro siguiendo el movimiento de la pelota. Primera etapa, muchas ganas, cero goles.<\/p>\n\n\n\n<p>En el entretiempo algunos aprovecharon para pegarle un beso a las damajuanas o a un porr\u00f3n de ginebra, buscando en la bebida mayor vuelo futbol\u00edstico, cuando no, energ\u00eda en alguna empanada. Preparados para el segundo tiempo, el cura volvi\u00f3 a ajustar el despertador y chifl\u00f3 el inicio (no ten\u00eda silbato). Mucha piernas buscaban el f\u00fatbol, pero generalmente encontraban piernas ajenas, sin mala intenci\u00f3n, pero s\u00ed con generosa fuerza. En un corner, el \u201cFlaco\u201d S\u00e1nchez meti\u00f3 un cabezazo con olor a gol para Pozo Seco, pero la mano del \u201cTuerto\u201d, arquero de Villa Verde, y el palo, salvaron la situaci\u00f3n. Jugaban los \u00faltimos minutos, cuando S\u00e1nchez volvi\u00f3 a encarar, se prepar\u00f3 para tocar al gol luego de desparramar al guardameta, cuando lleg\u00f3 a toda velocidad el \u201cTren\u201d Mansilla, levant\u00e1ndolo por el aire en medio de una polvareda impresionante, \u201c\u00a1lo parti\u00f3 en dos!\u201d, gritaron. El \u201cFlaco\u201d, pese a todo, se levant\u00f3 dolorido, mientras el cura expulsaba y sermoneaba al \u201cTren\u201d una vez cobrado el penal. S\u00e1nchez reclam\u00f3 patear la pena m\u00e1xima y as\u00ed fue. Se prepar\u00f3 el shoteador, mientras el \u201cTuerto\u201d con su \u00fanico ojo, miraba atentamente los movimientos del verdugo. Los visitantes de Pozo Seco saboreaban la victoria, mientras los de Villa Verde alentaban al arquero, su \u00faltima esperanza. S\u00e1nchez tom\u00f3 una corta carrera y meti\u00f3 un terrible bombazo a la derecha del arquero que volaba hacia la izquierda, mientras sonaba el despertador indicando el final del partido. El perro del viejo Varela, que se hab\u00eda acercado a curiosear, cruz\u00f3 asustado por la campanilla frente a la l\u00ednea de gol, recibiendo el fort\u00edsimo disparo. El perro huy\u00f3 aullando a toda velocidad para no verse nunca m\u00e1s en la zona. La pelota no entr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El partido termin\u00f3 cero a cero y la bicicleta fue cargada en la vieja chatita Ford del cura para dejarla en la tapera, ya que todos coincidieron que la aparici\u00f3n del perro del difunto, era la demostraci\u00f3n postrera de la voluntad de Varela de ser parte de los dos pueblos y no de uno en particular.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escribe: Leonardo Diego Mu\u00f1oz. 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