{"id":2172,"date":"2023-05-03T22:04:10","date_gmt":"2023-05-03T22:04:10","guid":{"rendered":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/?p=2172"},"modified":"2023-05-03T22:04:11","modified_gmt":"2023-05-03T22:04:11","slug":"la-muerte-del-arriero-el-vasco-la-parca-y-la-manta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/la-muerte-del-arriero-el-vasco-la-parca-y-la-manta\/","title":{"rendered":"La muerte del arriero.  El Vasco, la \u201cparca\u201d y la manta."},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Le dicen el \u201cVasco\u201d atrapa en su existencia una ni\u00f1ez para nada aliviada. Conocido ciudadano de nuestra ciudad. No es necesario poner su nombre. Hoy tiene un buen pasar econ\u00f3mico y marcado reconocimiento social, pero nunca dej\u00f3 al chico que lleva adentro. Ni olvida las carencias de un tiempo de platos nunca llenos. La conversaci\u00f3n nace con el dato de un tercer amigo en com\u00fan que aludi\u00f3 al hecho como esas cuestiones m\u00e1gicas o ficcionales. Porfiadamente extra\u00f1as donde la frase \u201cviste que chico es el mundo\u2026\u201d se convierte en un disparador. No hay necesidades de cambiar un punto o una coma de la historia. Conmueve tanta casualidad. No obstante, cada lector tendr\u00e1 en su alforja interior esas vivencias casi m\u00e1gicas que no solo sorprenden, sino que rozan lo incre\u00edble.<\/h4>\n\n\n\n<p><strong><em>Escribe: Miguel Andreis.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El vasco que transita los sesenta hace del relato una pintura secuenciada.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuatro hermanos muy peque\u00f1os y la muerte que les golpe\u00f3 las manos en la tranquera de alambre en la humilde casa de puestero en una estancia de Pascanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Su madre, Rosa, una laburante de relojes ausentes. Vasca guapa con el rostro mirando el sol. Su padre arriero o resero de oficio. Otros lo definir\u00edan como tropero. Alto, de ojos claros y de figura agraciada. Fac\u00f3n en la cintura y cuerpo hermanado al caballo. La mirada larga, atenta a que ning\u00fan animal escapara de la formaci\u00f3n. Lluvias, vientos, calores o fr\u00edos le daban rigor a los pu\u00f1os cuando apretaban la empu\u00f1adura del filoso tres remaches.<\/p>\n\n\n\n<p>Reseros incansables de horizontes inciertos. Se dec\u00eda de \u00e9l, leal, incansable, de palabra sin dobleces y atractivo para las damas. Muchas an\u00e9cdotas sobre ocultos amores.<\/p>\n\n\n\n<p>El vasco, no lleg\u00f3 a conocerlo. Apenas, ten\u00eda cinco meses cuando la informaci\u00f3n lleg\u00f3 hasta el rancho donde viv\u00edan en la estancia Las Gamas en Pascanas. Sus otros tres hermanos se suced\u00edan con 5, 4 y 2 a\u00f1os. Rosa apret\u00f3 las mand\u00edbulas y los ojos le regaron el semblante. Le avisaban de la muerte de su esposo. No hubo m\u00e1s explicaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces y por algunos a\u00f1os el domingo era d\u00eda de obligatoria visita al campo santo. La inc\u00f3gnita sobre su deceso estaba embebida de las m\u00e1s diversas hip\u00f3tesis de fantas\u00edas infinitas. Un tiro en el muslo derecho, la femoral que se rompe y la sangre que no se detiene. Un paisano de azulados ojos, delgado y alto que lleg\u00f3 al lugar despu\u00e9s de \u2026 lo tom\u00f3 entre sus brazos. Fue cerca de una escarchada laguna. El vuelo de algunos cirir\u00ed cruzaban la mirada del moribundo. Ni una sola queja. Apenas unas palabras de despedida. El sostenedor arroj\u00f3 sobre el cuerpo agonizante un poncho de coloridos pellones, como para que el fr\u00edo de la parca no se transforme en pu\u00f1ado de alfileres en esa anatom\u00eda an\u00e9mica de savia roja que se estaba yendo sin apuros\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><strong>Termin\u00f3 una importante reuni\u00f3n con sus compa\u00f1eros en Buenos Aires\u2026<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Observ\u00f3 el reloj y se sobresalt\u00f3. Le costar\u00eda bastante llegar al Aeroparque a tiempo para tomar el vuelo con destino a C\u00f3rdoba. El vasco sali\u00f3 de la sede central capitalina del gremio y trep\u00f3 a un taxi que de casualidad se deten\u00eda. Le pidi\u00f3 al chofer: \u201camigo, tengo un vuelo en pocos minutos y preciso estar urgente en\u2026\u201d. El obrero del volante capt\u00f3 la solicitud. \u201c\u00bfDe C\u00f3rdoba?\u201d Interrog\u00f3. \u201cAs\u00ed es\u2026\u201d fue la respuesta. Mientras miraba por el espejo retrovisor al pasajero rememor\u00f3: \u201cDe chico, iba siempre a un pueblo cordob\u00e9s donde mi abuelo, cuando gan\u00f3 la loter\u00eda, compr\u00f3 all\u00ed una estancia\u2026 Pascanas se llama el lugar y Las Gamas\u2026 el campo\u201c<\/p>\n\n\n\n<p>El villamariense sinti\u00f3 que las manos comenzaron a transpirarle: \u201cPerd\u00f3n amigo, \u00bfC\u00f3mo era o es el nombre de su abuelo?\u201d; \u201cGaribaldi del Bueno\u201d contest\u00f3; \u201c\u00a1\u00a1Vea que casualidad En ese pueblo y en esa estancia nac\u00ed yo\u2026. Y tambi\u00e9n muri\u00f3 mi padre!!\u201d acentu\u00f3 las s\u00edlabas de la frase<br>El taxista tampoco ocult\u00f3 su conmoci\u00f3n. El transportado avanz\u00f3: \u201cSu abuelo falleci\u00f3 o est\u00e1 vivo\u201d; \u201cAnda por los noventa a\u00f1os, pero muy l\u00facido\u2026\u201d replic\u00f3; \u201cMe gustar\u00eda tener una charla con \u00e9l, habr\u00eda alguna posibilidad. Yo viajo permanentemente a Buenos Aires\u201d; \u201cCon todo gusto amigo, aqu\u00ed tiene mi tel\u00e9fono y direcci\u00f3n. Av\u00edseme y lo llevo para que charlen\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El vasco subi\u00f3 al avi\u00f3n y el nombre de Garibaldi del Bueno fue un eco que lo acompa\u00f1\u00f3 hasta la capital provincial. En la semana continu\u00f3 repiqueteando ese tal Garibaldi.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda su ni\u00f1ez y adolescencia solo escuch\u00f3 enigmas sobre la muerte de su progenitor. Nadie daba razones ni se\u00f1ales del apretador del gatillo. Los murmullos eran grillos empecinados en darle turbiedad a las especulaciones. Mucho se habl\u00f3 de un desaf\u00edo. Y de una bella jovencita enamorada de un desandador de caminos. La verdad jam\u00e1s se supo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u201c\u00a1No es casualidad, a usted lo mandan\u2026!<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No le import\u00f3 llegar tarde a la reuni\u00f3n. Llam\u00f3 al taxista y una hora despu\u00e9s estaba en casa de Garibaldi. Una morada de buen gusto. Sentado entre algunos familiares se encontraba un hombre alto, calvo, de penetrantes ojos azules, bombacha y alpargatas, esquivo para la sonrisa. La voz firme y convincente. \u201cTiene un gran parecido con su padre.\u201d Fue lo primero que desliz\u00f3 con tono campechano apenas ingres\u00e9. Habl\u00f3 muy bien de \u00e9l. Adjetiv\u00f3 sobre la lealtad, la valent\u00eda, la capacidad de trabajo\u2026 Un gaucho de ley\u201d sentenci\u00f3 como para dar s\u00edntesis a su testimonio.<\/p>\n\n\n\n<p>El visitante no demor\u00f3 en preguntar qu\u00e9 conoc\u00eda sobre la muerte de su padre. \u201cMuri\u00f3 en mis brazos. La bala le dio en la pierna derecha\u2026.\u201d; \u201cMire qu\u00e9 casualidad, a\u00f1os y a\u00f1os escuchando hablar de usted y vengo a encontrar su huella arriba del taxi de su nieto\u201d; el hombre firme, con la vista fija remarc\u00f3; \u201cNo es ninguna casualidad, a usted lo mandan\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn realidad nunca me dijo qui\u00e9n o qu\u00e9 me mandaba. Solo que era un mandato\u2026\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Le enumera las distintas presunciones: \u201cPosiblemente usted conozca algo que en la familia nunca supimos o\u2026\u201d; Del Bueno afirma con voz firme que \u201cse trat\u00f3 de un \u00b4accidente\u201d. Pareci\u00f3 no querer continuar con el di\u00e1logo. El libreto de aquella muerte aparec\u00eda como concluido.<\/p>\n\n\n\n<p>El vasco le estrech\u00f3 la mano, y agradeci\u00f3. Salud\u00f3 a los presentes y se encamin\u00f3 hacia la puerta, \u201cel anfitri\u00f3n se pone de pie y me dice que lo espere. Volvi\u00f3 con una manta de largos pellones de lana de todos los colores. Perfectamente doblada. Clava su vista en mis pupilas. Me la entrega como si se tratase de un ni\u00f1o, indic\u00e1ndome &#8211; \u00b4no la abandone nunca. Nunca. Desde entonces la tengo en mi casa\u201d\u00b4-. \u201cLa palabra accidente me sonaba m\u00e1s extra\u00f1a\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bf\u00a1Fue un duelo por polleras!? La jovencita hija de un puestero\u2026 Vaya uno a saber\u2026 \u201cEl tiempo se habr\u00e1 llevado la certeza y actores de aquel hecho\u2026Por ah\u00ed cuando tengo necesidad de sentir a mi viejo cerca, me arrojo la manta sobre el hombro\u2026 Dif\u00edcil explicar el calor que me trasmite\u2026\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Le dicen el \u201cVasco\u201d atrapa en su existencia una ni\u00f1ez para nada aliviada. Conocido ciudadano de nuestra ciudad. No es necesario poner su nombre. 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