{"id":1400,"date":"2022-02-21T20:24:47","date_gmt":"2022-02-21T20:24:47","guid":{"rendered":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/?p=1400"},"modified":"2022-02-21T20:24:48","modified_gmt":"2022-02-21T20:24:48","slug":"vivir-en-el-amazonas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/vivir-en-el-amazonas\/","title":{"rendered":"Vivir en el Amazonas\u2026"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>Los extra\u00f1os misterios de una tierra poblada de comunidades abor\u00edgenes<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Las velas mezclaban su olor con el de la selva. Era extra\u00f1o. No corr\u00eda ni una pizca de brisa. Voces de diferentes idiomas se confund\u00edan. Pocas en espa\u00f1ol. Observamos el\u00a0 plato de sopa. No aparec\u00eda como el alimento m\u00e1s adecuado para la temperatura reinante. La ropa pasa a ser parte de la piel. Es una goma pegajosa que fastidia. El haz de luz de las diferentes linternas las fue buscando. Estaba a pocos cent\u00edmetros de nuestras cabezas. Medir\u00eda algo m\u00e1s de un metro. Gruesa, amarilla y de mirada fija. Se mov\u00eda por las ca\u00f1as que sosten\u00edan el techo. \u201cNo hace nada dijo uno de los gu\u00edas\u2026 es una constrictora. Tranquilos que no es venenosa\u201d. Busc\u00f3 calmarnos. Segu\u00eda avanzando, reptando hacia una cruz de ca\u00f1as. Estaba en busca de alimentos. \u00a0Era nuestra primera noche en \u201cSamona Beach\u201d; as\u00ed se llama a un conjunto de caba\u00f1as ex\u00f3ticas \u00a0para 40 visitantes enclavadas en pleno coraz\u00f3n de la Amazon\u00eda ecuatoriana. La selva real est\u00e1 lejos de lo que nuestra imaginaci\u00f3n conforma a trav\u00e9s de las im\u00e1genes o la literatura. Casi la mitad de los que all\u00ed arriban, quieren volverse inmediatamente\u2026<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p><strong><em>Escribe: Miguel Andreis<\/em><\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La noche en la selva<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esas viviendas, hoteles de un mundo ancestral, se asemejan a las que &nbsp;habitan las comunidades originarias. Los nativos. Est\u00e1n construidas a dos metros de altura sobre palos y maderas. &nbsp;Cuando crece el r\u00edo el agua llega hasta las pasarelas y los caimanes (cocodrilos o yacar\u00e9s), golpean con sus lomos esas tablas. Las anacondas, estremecen con sus movimientos y los peces gigantes disfrutan de los jardines. All\u00ed todo es natural. A\u00fan esos animales extra\u00f1os a nuestra cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>La impresi\u00f3n de seducci\u00f3n que ten\u00edamos a la ma\u00f1ana se fue diluyendo a medida que se escond\u00eda el sol. Pasadas las 18 horas la oscuridad se derrumba entre esos gigantes verdes de brazos asim\u00e9tricos. Los ruidos cambian. Los monos aulladores dan paso a sus rondas de seducci\u00f3n. La piel se nos &nbsp;eriza. Y las aves juegan a gorgotear con dis\u00edmiles sonidos.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo plato era arroz con pescado. Omit\u00ed la sopa. &nbsp;La vela se achicaba en forma presurosa. La v\u00edbora que por la cercan\u00eda recib\u00eda el hedor de nuestros cuerpos, &nbsp;se enroscaba y no dejaba de mirar dos sapos trasparentes pegados a las chalas que formaban el techo.&nbsp; Las tar\u00e1ntulas del tama\u00f1o de una mano enorme se movilizaban con velocidad. Nuestras miradas se escudri\u00f1aban m\u00e1s por sobre nuestras cabezas que en el &nbsp;plato. El jugo &nbsp;de naranjilla caliente no calmaba la sed. La heladera a gas olvid\u00f3 su funci\u00f3n vaya a saber cu\u00e1ndo. (Hielo por dios\u2026 unos pedazos nada m\u00e1s) ten\u00edamos ganas de gritar.<\/p>\n\n\n\n<p>La noche y esos animales tan ajenos a nuestra existencia, comenzaron &nbsp;su ronda. &nbsp;No ser\u00eda f\u00e1cil pegar los ojos. Conciliar el sue\u00f1o con esos bichos acech\u00e1ndonos. Cada uno se fue retirando hacia sus \u201cchozas- caba\u00f1as\u201d, con nombres propios \u201cMono aullador\u201d; \u201cCaim\u00e1n\u201d, etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cuatro fuimos casi tanteando, cada uno a la que nos hab\u00edan designado. La puerta es de madera. No estaba bien cerrada. Eso nos hizo temer la irrupci\u00f3n de alguno de esos visitantes. Despu\u00e9s comprendimos que pueden entrar \u2013de hecho lo hacen- por cualquier lado. &nbsp;Sobre la cama un mosquitero ca\u00eda de la ca\u00f1a bamb\u00fa que se afirma en las paredes. Muevo la linterna y una tar\u00e1ntula dejaba libre sus pesta\u00f1as \u00e1speras que apuntaban al propio centro de la almohada. Dos sapos fosforescentes, &nbsp;horribles, caminan estir\u00e1ndose sobre la pared de paja. Est\u00e1n de cacer\u00eda. Susana, mi compa\u00f1era, se meti\u00f3 debajo de ese tul. A m\u00ed me asfixiaba. Pens\u00e9 que sonaba a profunda contradicci\u00f3n ponerse un Rivotril en la boca. No me import\u00f3. La linterna qued\u00f3 al costado de la cama. Cuando abr\u00ed los ojos nuevamente &nbsp;el sol era una aguja rosada que se colaba desde la hendija de la puerta. Hab\u00edamos sobrevivido a la primera noche la Jungla. Con luz todo es distinto. Casi que vivible\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;  <\/p>\n\n\n\n<p><strong>Quito, Patrimonio Hist\u00f3rico de la Humanidad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si la curiosidad por conocer el Amazonas o la Amazon\u00eda como la definen ellos, en lo particular, tuvo que ver con un libro que le\u00ed en mi ni\u00f1ez: \u201cViaje por el Amazonas\u201d, donde un m\u00e9dico alem\u00e1n con su esposa tomaron el desaf\u00edo e atravesarlo en un bote. Ella hab\u00eda muerto de una picadura de alacr\u00e1n, y \u00e9l luego volvi\u00f3 a formar pareja con una ind\u00edgena. Me fascin\u00f3 aquel relato. El pasado a\u00f1o en Discovery Channel, armaron un documental sobre el Amazonas&nbsp; Ecuatoriano. Formidable. Atrapante. La decisi\u00f3n estaba tomada. Desconoc\u00eda que en la mitad del mundo la jungla adquir\u00eda tales caracter\u00edsticas.<\/p>\n\n\n\n<p>La b\u00fasqueda de contactos a trav\u00e9s de Internet nos fue marcando el itinerario. Partimos dos parejas. Gabi y Alejandro, formaron parte del grupo. Un vuelo de C\u00f3rdoba a Buenos Aires, de all\u00ed a Santiago de Chile, posteriormente Guayaquil y como destino final Quito. Nos impresion\u00f3 el descubrir una de las cinco ciudades consideradas como Patrimonio Hist\u00f3rico Cultural de la Humanidad por la UNESCO.&nbsp; El centro hist\u00f3rico es como ingresar por un t\u00fanel del tiempo y transportarse a los siglos XVII, XVIII y XIX. Solo por citar un ejemplo, en 52 manzanas hay 32 iglesias, algunas de fines del XVI. &nbsp;Quito, capital del Ecuador fue fundada en 1535. All\u00ed se pude observar con mayor nitidez, &nbsp;la irrupci\u00f3n de una cultura sobre los pueblos originarios. Una de las catedrales est\u00e1 cubierta con 7 toneladas de oro. La misma le llev\u00f3 a la UNESCO 42 a\u00f1os de trabajo en su restauraci\u00f3n. Imponentes construcciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/todo-el-paisaje-se-parece-scaled.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"768\" src=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/todo-el-paisaje-se-parece-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1402\" srcset=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/todo-el-paisaje-se-parece-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/todo-el-paisaje-se-parece-300x225.jpg 300w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/todo-el-paisaje-se-parece-768x576.jpg 768w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/todo-el-paisaje-se-parece-1536x1152.jpg 1536w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/todo-el-paisaje-se-parece-2048x1536.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Camino a la selva amaz\u00f3nica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El contacto para visitar Amazonas ya estaba logrado.&nbsp; Deber\u00edamos tomar un colectivo hasta \u201cLago Agrio\u201d, una singular ciudad de lo que se establece como el \u201coriente\u201d. Chata. Gris. Misteriosa. Fueron 8 horas de viaje, de noche y en plena cordillera. La adrenalina llegaba a su l\u00edmite. &nbsp;La osad\u00eda e imprudencia de esos choferes es proverbial. Dos meses atr\u00e1s uno de esos bus se llev\u00f3 al abismo 39 vidas. Curvas y contra-curvas, subidas y bajadas y un tr\u00e1nsito que es continuo. El acelerador a fondo. &nbsp;Ese es el camino por donde sale gran parte de la producci\u00f3n petrolera de dicho pa\u00eds. El principal ingreso econ\u00f3mico de dicha Naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En Lago Agrio el calor era insoportable. Hora despu\u00e9s nos pasar\u00eda a buscar otro &nbsp;peque\u00f1o colectivo. Con nosotros subi\u00f3 una pareja suiza. \u00c9l, polic\u00eda y ella jefa de un canal de televisi\u00f3n. Bruno, su nombre, &nbsp;habla un r\u00fastico espa\u00f1ol. Ella, &nbsp;apenas dos o tres palabras. Nosotros casi nada de ingl\u00e9s. Todo es se\u00f1as. El camino se fue insertando entre grandes arboledas. La selva nos iba absorbiendo. Dos horas y algo m\u00e1s y est\u00e1bamos en el \u00faltimo punto de civilizaci\u00f3n occidental. All\u00ed, donde el gobierno de Rafael Correa est\u00e1 construyendo uno de los tantos puentes, nos dej\u00f3 el&nbsp; veh\u00edculo. Del otro lado de la ruta una oficina del Parque Nacional, que custodia \u2013por as\u00ed decirlo- las &nbsp;603.380 hect\u00e1reas del &nbsp;bosque primario que penetrar\u00edamos. \u201cPrimario\u201d &nbsp;indica que la mano del hombre no ha actuado. Ni talas ni siembras. Debimos asentar los nombres y pagar algunos d\u00f3lares.<\/p>\n\n\n\n<p>A los minutos lleg\u00f3 la larga y r\u00fastica lancha de madera con cinco asientos (para dos personas cada uno).&nbsp; Adelante ir\u00e1 Graciela una lugare\u00f1a baja y de rostro agradable que oficiar\u00e1 de gu\u00eda, y el \u201cmotorista\u201d, fundamental en estas incursiones, era un nativo fibroso y de baja estatura. Le llaman \u201cCaramelo\u201d; se dice que uno de los m\u00e1s diestros para transitar esa jungla por el agua. As\u00ed nos lo demostr\u00f3 con los d\u00edas. \u00c9ste va parado en la parte trasera la lancha, y lograr\u00e1 la mayor eficacia del potente motor.<\/p>\n\n\n\n<p>El r\u00edo Cuyabeno (aguas negras)&nbsp; tiene un caudal h\u00eddrico mucho m\u00e1s bajo de lo normal. Le faltan m\u00e1s de dos metros. Eso volver\u00eda a\u00fan m\u00e1s lento el viaje al coraz\u00f3n del verde salvaje. Uno y otro \u00e1rbol nos va cerrando el camino. Caramelo acelera y luego de un golpe en proa el bote saltar\u00e1 sobre el tronco acuatizado &nbsp;y tendr\u00e1 el tiempo justo para levantar el motor y salvar la h\u00e9lice.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso se repite por minutos. Se comienzan a ver distintos tipos de monos que nos observan desde la espesura del monte. Aves y raros peces que saltan cerca de la embarcaci\u00f3n. Las lianas son &nbsp;una cabellera salvaje que se mueve al son de &nbsp;esos bichos gritones. El sol cuando puede filtrarse entre esos gigantes que bordean el agua,&nbsp; nos arroja dardos de fuego. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>R\u00edos y especies<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Arribamos. Comprendimos que el desaf\u00edo ser\u00eda soportar lo inh\u00f3spito de lo desconocido. &nbsp;El desayuno consiste en huevos revueltos, caf\u00e9 con leche, jugos y dulces. Se nos repite que solamente bebamos agua potable, de lo contrario la diarrea nos inmovilizar\u00eda. Entablamos un di\u00e1logo con William Toro Altamirano (30 a\u00f1os), es gu\u00eda y encargado de Samona. Naci\u00f3 en las cercan\u00edas del volc\u00e1n de Cotopaxi, maneja tres idiomas, y hace cinco a\u00f1os que est\u00e1 en la Reserva Faun\u00edstica. Cuenta que \u201call\u00ed existen 502 especies de aves; 180 mam\u00edferos y m\u00e1s de 80 variedades que viven en el agua. Explica que el r\u00edo Cuyabeno, desemboca en el \u201cAguarico\u201d, y este en el m\u00e1s caudaloso de todos que es el Napos. Son 1200 los cursos h\u00eddricos que le dan vida al Amazonas que arroja sus aguas al Atl\u00e1ntico luego de recorrer m\u00e1s de 7.500 kil\u00f3metros. El m\u00e1s largo del mundo\u201d, acota.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las comunidades originarias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cConviven varias &nbsp;comunidades, cuya voz original es el Paicoca o quechua, aunque todas con acepciones propias. Ellas son los&nbsp; Huaorani, Shuar, Ashuar, Kichwa, Siona Secoya, Cofan, Zaparo y Quijos\u2026 viven tradicionalmente, manteniendo sus costumbres y distintas tradiciones. Aqu\u00ed las tierras son de las comunidades, cualquier cosa que se quiera hacer hay que tener el permiso de ellos. El cacique otorga, por ejemplo, el espacio para hacer un albergue como el nuestro. Todo, desde las ca\u00f1as hasta las maderas deben traerse desde otros lados. No se permite el uso ni de los \u00e1rboles ca\u00eddos. Eso tiene un motivo, evitar que metan manos las petroleras que est\u00e1n al acecho, es una tierra con mucho petr\u00f3leo, o que siembre cacao o caf\u00e9. Por unos a\u00f1os podremos sostener que no se desmonte y se convierta el fin de algunas etnias y el negocio de unos pocos. Contando &nbsp;las cinco posadas&nbsp; de esta zona, el pasado a\u00f1o llegaron 9.000 turistas, todos extranjeros. Pocos latinoamericanos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ecuador es uno de los mayores pulmones (oxigenadores) del mundo. Ellos no quieren perder esa premisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/cocodrilo-durmiendo-scaled.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"768\" src=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/cocodrilo-durmiendo-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1403\" srcset=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/cocodrilo-durmiendo-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/cocodrilo-durmiendo-300x225.jpg 300w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/cocodrilo-durmiendo-768x576.jpg 768w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/cocodrilo-durmiendo-1536x1152.jpg 1536w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/cocodrilo-durmiendo-2048x1536.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Las interminables anacondas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La pesca de pira\u00f1as es una de las tareas que se emprenden. Es un pez poco agradable. Sus dientes son alfileres infectados. \u201cNosotros nos ba\u00f1amos sin problemas, pero siempre se aconseja que si alguien est\u00e1 herido no ingrese al agua. Hay que tomar precauciones. Lo dem\u00e1s forma parte de un mito\u201d describen<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLas anacondas casi es imposible verlas ahora que hay poca agua, se entierran en el barro. Esta semana pisamos una y la sacamos. Ten\u00eda m\u00e1s de seis metros\u201d. Cuando le preguntamos sobre el animal m\u00e1s peligroso no duda: \u201cLos caimanes, enfurecidos son imparables. Y esta es una zona donde habita una gran cantidad. Ya saldremos a buscarlos\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Salir a caimanear<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Horas despu\u00e9s, partimos&nbsp; en su encuentro. Uno de los brazos del r\u00edo que nos lleva a una de las lagunas con mayor fauna del Amazona, ahora seca, es un gran dormidero de caimanes. El nerviosismo nos iba silenciando. William explica que hay tres tipos de yacar\u00e9s, los blancos chicos, los &nbsp;grandes y los m\u00e1s voraces, los negros que alcanzan los cinco metros de largo.<\/p>\n\n\n\n<p>La nota de color llegar\u00eda sobre una precaria embarcaci\u00f3n a remo. Un gran tronco calado con puntas. Quien ven\u00eda sincronizando las paladas era una joven morocha de belleza inusual. Los gritos de saludos se confundieron. Tanta hermosura &nbsp;en un lugar tan particular, sacudi\u00f3 a mujeres y hombres por igual. El objetivo de la b\u00fasqueda continu\u00f3. La noche lleg\u00f3 tras la canoa de la dama.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El caim\u00e1n a cent\u00edmetros de la canoa<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las linternas se encendieron y comenzaron a aparecer dos foquitos rojos sobre el agua. Eran los ojos de esos enormes &nbsp;anfibios. Ante la luz se hund\u00edan en el barro. Minutos despu\u00e9s la mano de William se levant\u00f3 en se\u00f1al &nbsp;para que \u201ccaramelo\u201d detuviese el motor. La lancha qued\u00f3 a menos de un metro de una enorme cabeza. Era un caim\u00e1n de los negros y se estim\u00f3 su largo en m\u00e1s de cuatro metros. El mutismo nos invadi\u00f3. Se mezcl\u00f3 con el temor. Estaba al alcance de nuestras manos. Y &nbsp;tambi\u00e9n est\u00e1bamos solo a un peque\u00f1o movimiento para caer en sus fauces. La fuerza de su cola podr\u00eda haberse transformado en un arma mortal tumbando la embarcaci\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan en un espacio atestado de estos bichos. No se mov\u00eda y el miedo en nosotros adquir\u00eda dimensiones casi de paranoia. Susana ped\u00eda que nos retir\u00e1ramos. &nbsp;Fueron los cinco minutos m\u00e1s largos de nuestras vidas. Respiramos y retomamos el habla cuando el motor nos sac\u00f3 del lugar. Indudablemente se trat\u00f3 de una acci\u00f3n b\u00e1sicamente temeraria. Ellos est\u00e1n acostumbrados a desaf\u00edos de este tipo. Nosotros no.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A la noche William nos comenta en voz baja que el pasado a\u00f1o los caimanes se cobraron la vida de dos personas y a una tercera \u2013a\u00fan convaleciente- le destrozaron la pierna. Tener a un animal de esa magnitud, tan cerca, es, puedo asegurarlo, una de las experiencias de temor m\u00e1s inolvidables e insuperables que nos dej\u00f3 el Amazonas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/india-preparando-el-almuerzo-con-su-papa-original-scaled.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/india-preparando-el-almuerzo-con-su-papa-original-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1404\" srcset=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/india-preparando-el-almuerzo-con-su-papa-original-768x1024.jpg 768w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/india-preparando-el-almuerzo-con-su-papa-original-225x300.jpg 225w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/india-preparando-el-almuerzo-con-su-papa-original-1152x1536.jpg 1152w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/india-preparando-el-almuerzo-con-su-papa-original-1536x2048.jpg 1536w, https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/india-preparando-el-almuerzo-con-su-papa-original-scaled.jpg 1920w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>La vida en una comunidad siona<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Nuevamente la noche y sus aprensiones. Las horas se vuelven el\u00e1sticas. A la ma\u00f1ana siguiente nos llevaron hasta una comunidad&nbsp; de nativos sionas. En ese r\u00edo infectado de peligros los ni\u00f1os de corta edad corr\u00edan y nadaban. Se nos acercaron unos perros flacos y \u00e1giles. Uno con la nariz destrozada y lleno de sangre. Ser\u00eda imposible saber a qui\u00e9n dio combate. Ser\u00edan unas 20 casuchas &nbsp;de pajas. Sale a recibirnos \u201cNacho\u201d, un mono oscuro e inquieto. \u201cLe encantan las mujeres\u201d nos alerta el gu\u00eda. No se equivoc\u00f3, fue a una bella portuguesa a quien primero se trep\u00f3 para acariciarla. Nos fue pasando su afecto uno a uno.<\/p>\n\n\n\n<p>Una joven madre siona nos lleva hasta donde tienen plantadas las Yucas, unas papas que la usan como alimento base. Corta la planta, saca los tub\u00e9rculos y en minutos, luego de lavarlas y pelarlas, &nbsp;nos muestra como se rallan las mismas. Con dos maderas encendi\u00f3 un fuego y casi al instante,&nbsp; a &nbsp;esa harina mojada, la estruje y pone sobre un tronco, paso siguiente la desparrama &nbsp;en una vasija (tipo pizzera) de barro. Un minuto y ya est\u00e1 listo una especie de pan fino, chato, como una fain\u00e1 de agradable gusto. Lo devoramos con dulce de frutas. All\u00ed debimos pagar dos d\u00f3lares por persona.&nbsp; Vali\u00f3 la pena el recorrido. Los hombres de la tribu estaban trabajando en zonas alejadas. Fuera del Parque. Se van los lunes y regresan los s\u00e1bados. Dos peque\u00f1os arcos dan cuenta que el m\u00e1s populares de los deportes no les es ajeno. F\u00fatbol los fines de semana. Los enfrentamientos son con otras tribus.<\/p>\n\n\n\n<p>Regresar nos llev\u00f3 m\u00e1s de tres horas. A la tarde caminata por medio de la selva. Nos dan botas de goma. El barro se pega y adormece las piernas. El subirse a las lianas es toda una tentaci\u00f3n. Tarz\u00e1n debi\u00f3 ser un superdotado para movilizarse en esas sogas parasitarias que crecen desde arriba y secan las plantas. El trayecto dura otras tres horas. El sol se ve de a ratos. Ara\u00f1as, sapos (algunos venenosos) y v\u00edboras deambulan de un lado a otro. Insectos de los m\u00e1s diversos.&nbsp; La humedad nos vuelve acuosos&nbsp; los huesos. Arribar a las caba\u00f1as de Samona &nbsp;son\u00f3 a alivio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Alberto, el chaman, palabra sagrada<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMa\u00f1ana iremos&nbsp; a visitar al chaman. El viaje es largo por lo que deberemos partir&nbsp; temprano\u201d, nos dice William. Fueron varias horas de viaje. Llegamos casi a la una de la tarde. La temperatura aguijoneaba. Dejamos la lancha y emprendimos el viaje. Nos introdujimos una larga distancia selva adentro. Hubo que cruzar por troncos precarios que oficiaban de puentes. El camino parec\u00eda interminable. Una bajada y all\u00ed estaban tres perennes caba\u00f1as. Ese lugar es casi un templo para los pueblos originarios del la zona. El Chaman, curandero o m\u00e9dico naturista (como lo se\u00f1alan en un cartel) es de nombre Alberto Grefa, tiene 85 a\u00f1os y pertenece a la naci\u00f3n de los Cof\u00e1n. La bella morocha que hab\u00edamos visto dos d\u00edas atr\u00e1s, se asom\u00f3 apoy\u00e1ndose en una baranda de ca\u00f1as. Cindi le explica al gu\u00eda \u2013que no disimula su embeleso- que \u201cAlberto\u201d,&nbsp; su abuelo, hab\u00eda sido llevado para curar a una comunidad alejada. No estaba. Nuestra sensaci\u00f3n es que se encontraba durmiendo la siesta. Sensaci\u00f3n nom\u00e1s. Cindi vive en &nbsp;Bol\u00edvar, Colombia, es hija de una Cof\u00e1n con un colombiano, y visita el lugar varios meses al a\u00f1o. Todos la respetan. Todos la desean. All\u00ed la visita nos hubiese costado unos cuatro d\u00f3lares. Sacarse una foto o dialogar con \u00e9l tiene su costo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos cuentan que para ser chaman debi\u00f3 estudiar m\u00e1s de doce a\u00f1os el efecto de las distintas plantas. Su conocimiento, afirman, est\u00e1 basado en los alcances&nbsp; curativos de m\u00e1s de 500 especies distintas. &nbsp;Su palabra es sagrada para los lugare\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Peces gigantes<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Movimientos raros se observan en el agua cerca de nuestra lancha, saltan, son enormes, explotan al caer al agua, son los denominados \u201cPeches\u201d, una especie de mojarritas gigantes, de m\u00e1s de un metro y medio y por encima de los 100 kgs de peso. Nos explican que los delfines rosados, suben hasta encontrar mayor caudal de agua. Los mastodontes m\u00e1s descomunales &nbsp;son los \u201cmanat\u00ed \u201d o \u201cvaca marina\u201d que superan los 300 kgs. Deformes, pesados y de movimientos lentos. Raramente salen a superficie. El Ministerio de Ambiente tiene totalmente prohibida su pesca. Es necesario preservarlos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u201cLa tranquilidad no tiene precio\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Jairo es otro de los gu\u00edas. Tambi\u00e9n pasa de un idioma a otro. En esas mesas de Samona &nbsp;las lenguas se mezclan, portugueses con suizos; alemanes con norteamericanos; chinos con japoneses; espa\u00f1ol con franc\u00e9s. \u201cPara uno no hay mejor vida que esta. Todo es cuesti\u00f3n de acostumbrarse, pero la tranquilidad del lugar no tiene precio\u201d afirma.<\/p>\n\n\n\n<p>Por las dudas ninguno de nosotros pregunt\u00f3 si ten\u00edan suero antiof\u00eddico.&nbsp; La heladera es casi un adorno.<\/p>\n\n\n\n<p>La poca energ\u00eda que brindan las dos pantallas solares es para los focos de la cocina y una radio trasmisora con la que &nbsp;se comunican con el continente \u201ccivilizado\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEst\u00e1 prohibido poner generadores el\u00e9ctricos, por el ruido y la contaminaci\u00f3n\u201d nos cuentan. Y agreg\u00f3 que el 40% de los visitantes se quiere volver al d\u00eda siguiente. No soportan esas condiciones.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La construcci\u00f3n de las lanchas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las lanchas de madera, de un espesor de una pulgada y media, son muy pesadas, pero las \u00fanicas que aguantan los permanentes choques con los troncos, a veces escondidos debajo del agua. Son de quebracho trabajado y tienen un valor de unos 1.000 d\u00f3lares.&nbsp; \u201cLas de pl\u00e1stico sirven para cuando est\u00e1n crecidos los r\u00edos, se viaja a mucha m\u00e1s velocidad, pero resisten menos\u201d. El&nbsp; gobierno a cada comunidad le entrega un motor y le subsidia el combustible. El gal\u00f3n (cuatro litros) en cualquier surtidor ecuatoriano &nbsp;tiene un valor de 1,40 de d\u00f3lar; lo que permite presuponer que ellos abonaran unos 15 ctvs. de d\u00f3lar el litro. Aqu\u00ed todo cuesta mucho. Hay lanchas que van y vienen nada m\u00e1s que con agua potable, arroz y otros alimentos.<\/p>\n\n\n\n<p>El l\u00edquido &nbsp;que llega a las duchas es extra\u00edda del Cuyabeno, as\u00ed bajo, el agua no es otra cosa que barro licuado. El cabello se vuelve duro y la piel tira.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La despedida a una experiencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la \u00faltima noche volvi\u00f3 a aparecer la v\u00edbora sobre la ca\u00f1a del comedor. Las tar\u00e1ntulas ya no nos preocupaban. Menos los sapos gomosos.&nbsp; Cenamos hablando de una forma de vida absolutamente desconocida para nosotros. El caudal de agua segu\u00eda bajando. \u201cExtra\u00f1o &#8211; nos dicen- eso es parte de los cambios ambientales que estamos viviendo. La laguna se secaba cada dos o tres a\u00f1os, ahora dos veces en el a\u00f1o\u201d.&nbsp; Cabe acotar que all\u00ed el nivel de lluvias alcanza, promedio, a los 4.500 mil\u00edmetros anuales. Sin embargo los vestigios de las variaciones&nbsp; planetarias tambi\u00e9n dejan all\u00ed sus secuelas a pesar de que estamos &nbsp;en un bosque netamente tropical.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las FARC y el tr\u00e1fico de drogas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los d\u00edas pasaron llen\u00e1ndonos de vicisitudes. Lleg\u00f3 el momento del regreso. El Amazonas nos marcar\u00eda por y para siempre. La vuelta nos insumi\u00f3 cerca de cuatro horas. Y otras dos en colectivo &nbsp;para llegar a Lago Agrio, donde tomamos justo la combinaci\u00f3n para Quito. Ignor\u00e1bamos el sitio d\u00f3nde est\u00e1bamos. A los pocos kil\u00f3metros militares fuertemente pertrechados nos hicieron bajar del colectivo con todos nuestros bolsos que fueron cuidadosamente revisados. Los brazos levantados y apoyados contra el bus. Los modales de los uniformados no ten\u00edan nada de cordial precisamente. &nbsp;100 kil\u00f3metros m\u00e1s adelante nuevamente a bajar todo y repetir el mismo procedimiento. Una hora despu\u00e9s&nbsp; otros armados con imponentes ametralladoras, &nbsp;nos dieron de la misma medicina. Nadie reclamaba nada. Ni el tiempo ni el trato. Preguntamos el por qu\u00e9 tal accionar. La respuesta fue cortante: \u201cEs que venimos de Lago Agrio, que est\u00e1 el l\u00edmite con Colombia, los separa solo un r\u00edo, y es all\u00ed donde se aprovisionan los guerrilleros de las FARC, pero adem\u00e1s por donde se pasa la mayor cantidad de droga que se destina a EE.UU y Europa\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda raz\u00f3n la gente de Samona, en la selva acechan muchos menos peligros y se vive sin tantos riesgos\u2026 Cuando regres\u00e1bamos pens\u00e9 que con 7 mil millones de habitantes como tiene el planeta hoy, hasta cu\u00e1ndo se podr\u00e1 mantener una selva de estas caracter\u00edsticas sin que el hombre la invada\u2026 \u00bfHasta cu\u00e1ndo? &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los extra\u00f1os misterios de una tierra poblada de comunidades abor\u00edgenes Las velas mezclaban su olor con el de la selva. Era extra\u00f1o. No corr\u00eda ni una pizca de brisa. Voces de diferentes idiomas se confund\u00edan. Pocas en espa\u00f1ol. 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