{"id":1019,"date":"2021-07-20T13:23:58","date_gmt":"2021-07-20T13:23:58","guid":{"rendered":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/?p=1019"},"modified":"2021-07-20T13:23:59","modified_gmt":"2021-07-20T13:23:59","slug":"marcelino-arballo-cuando-el-montanismo-y-la-muerte-se-hermanan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/marcelino-arballo-cuando-el-montanismo-y-la-muerte-se-hermanan\/","title":{"rendered":"Marcelino Arballo: \u201cCuando el monta\u00f1ismo y la muerte se hermanan\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Marcelino Arballo, (81 por entonces), radicado desde hace varios a\u00f1os en Villa Mar\u00eda, es uno de los pocos monta\u00f1istas argentinos que logr\u00f3 ascender en cinco oportunidades al imponente Aconcagua. En 1997 se cumpli\u00f3 el centenario de la primera \u00a0excursi\u00f3n exitosa a la monta\u00f1a m\u00e1s alta del continente occidental.<\/strong> <strong>El pionero fue el suizo Math\u00edas Zurbriggen en 1897, al frente de la expedici\u00f3n Fitz Gerald.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Arballo se conform\u00f3 en un activo integrante de los primeros argentinos que hicieron cumbre en el lugar en 24 de enero de 1953. En la actividad los riesgos se diversifican y el m\u00ednimo error se paga con la vida. Una de esas an\u00e9cdotas nos la narra Marcelino\u2026 \u00a0Un hecho realmente conmovedor.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Escribe: Miguel Andreis<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Luca&#8230;Luca&#8230;D\u00e1vila&#8230;D\u00e1vila!&nbsp; \u00a1Dios m\u00edo! La tormenta, el intenso viento ahogaba mis gritos&#8230; Lucaaa, no me escuchaban, me daba cuenta con lo que a\u00fan me quedaba de lucidez mental, si a eso se le pod\u00eda llamar lucidez\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo pod\u00edan escucharme, el aullido por momento l\u00fagubre del viento tambi\u00e9n apagaba mis llamados sin destino. La oscuridad envolv\u00eda todo. Un inmenso vac\u00edo, ah\u00ed se iniciaba el cosmos, en mis propios pies, se extend\u00eda hacia el infinito, presumiblemente cerca del abismo de los paredones occidentales. Lo irreal estaba presente, la nieve en remolinos helados semejaba una indescriptible telara\u00f1a blanca. Agitaba todo en derredor, lo empujaba vigorosamente, manotazos de r\u00e1fagas, hielo, oscuridad, locura, desesperaci\u00f3n. Segu\u00eda gritando con escasa fuerza&#8230; \u00bfpero gritaba? Fui hasta el lugar donde hab\u00edan quedado mis compa\u00f1eros, estaban m\u00e1s arriba\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>A cincuenta a\u00f1os de la ascensi\u00f3n de Zurbriggen, en 1947, los alemanes Thomas Kopp Y Lothar Herold, llegan con fatigoso esfuerzo al pico S, distante entre ochocientos y mil metros de la cumbre. Peligrosa trepada en el Aconcagua.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPersonalmente dudo que alguien desee ambular por los callejones y canaletas de esos paredones; por all\u00ed estar\u00eda el cad\u00e1ver de Elso Giraudo, muerto en 1951, un ex alumno m\u00edo de esqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue en 1953, en que se conform\u00f3 la primera expedici\u00f3n argentina que alcanzara con \u00e9xito el pico Sur. Sabiendo ya lo del hielo en la cresta, utilizamos sogas y grampones para atravesarlo. Vimos bastante conservado el esqueleto de un guanaco. Con mucha piel. Nos preguntamos c\u00f3mo lleg\u00f3 hasta all\u00ed. Posiblemente escapando del mayor depredador: el hombre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ahora, un nuevo desaf\u00edo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEra yo el de mayor experiencia de los tres. Me avalaban cuatro ascensiones al cerro, de las cuales fueron al pico norte tres y una, el 29 de enero del `53, al pico sur. Hac\u00eda 16 a\u00f1os que practicaba el monta\u00f1ismo con pasi\u00f3n. Adem\u00e1s, oficiaba como instructor de escalamiento sobre hielo y roca, en supervivencia, y en esqu\u00ed. En alguna de estas especialidades logr\u00e9 competir a nivel nacional e internacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Con las \u00faltimas luces del primero de marzo de 1958, hab\u00edamos iniciado el ascenso Jorge A. Luca, Am\u00e9rico A. D\u00e1vila y yo. Los tres entrenados en altura que oscilaban entre los 4.800 y 5.000 metros. Desde el campamento base, llamado \u201cPlaza de Mulas\u201d, tomamos la ruta O, llamada normal o de los Refugios. Por all\u00ed, hace m\u00e1s de cien a\u00f1os, transit\u00f3 el pionero en dicha monta\u00f1a. Por momentos y en silencio, mientras hac\u00edan ruidos los botines contra el piso, o alguna piedra que rodaba, miraba hac\u00eda el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, f\u00e1cilmente ubicable a unos 280 kil\u00f3metros.<\/p>\n\n\n\n<p>Insistentemente observ\u00e1bamos si aparec\u00eda alguna nubecita, no pod\u00edamos descuidarnos, ella nos indicar\u00eda si podr\u00edamos retroceder o avanzar. Anduvimos la canaleta final, trepamos la cresta que une a ambas cumbres, transitamos por ella en direcci\u00f3n sur. Pocos minutos pasaron y vimos nuevamente las nubes. Dios, otra vez las nubes \u2013nos dijimos-. Esas se\u00f1ales que hist\u00f3ricamente han hecho retroceder a los cautos. \u00a1Alto, miren!, no hubo necesidad de mirar hacia d\u00f3nde y qu\u00e9;&#8230; Luca y D\u00e1vila ya hab\u00edan acordado secretamente que esta vez no regresar\u00edan por m\u00e1s tormenta que hubiera. De tal manera y al un\u00edsono se opusieron a retornar. Discutimos, ellos contra mi decisi\u00f3n de abortar la expedici\u00f3n al pico Sur. Firmes en su actitud, no aceptaban dar la vuelta. No bajamos \u2013expresaron convencidos-, \u00a1estamos cerca y tenemos tiempo de ir y volver! No hubo manera de que escucharan razones, no ten\u00edan la intenci\u00f3n de aceptar lo que se le indicaba!<\/p>\n\n\n\n<p>Algo fr\u00edo y que no proven\u00eda del clima, recorri\u00f3 mi cuerpo. Me pregunt\u00e9 qu\u00e9 hacer. Probablemente si regresaba solo, estar\u00eda sin duda a salvo. Ambos se hab\u00edan sentado a descansar, o en todo caso, en una sentada como diciendo de aqu\u00ed nadie nos mueve. De aquello ya ocurri\u00f3 m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, varias veces me lo pregunt\u00e9, qu\u00e9 habr\u00eda pasado si los dejaba y echaba a andar. Hubi\u00e9ramos tenido que subir luego a buscarlos, cuando el factor meteorol\u00f3gico lo permitiese. De eso estoy seguro, por lo que sobrevino despu\u00e9s&#8230;\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fif\u00ed, la perrita enterrada en la cumbre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCuando comienza el viento helado, con borbotones de nieve, ti\u00f1endo todo lo que encuentra a su paso, ya est\u00e1bamos en la misma cumbre Sur.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed estaba el libro que yo hab\u00eda dejado cinco a\u00f1os antes, en una peque\u00f1a caja el busto del Libertador, el General Jos\u00e9 de San Mart\u00edn, nuestra m\u00e1xima figura. Se trataba de un premio que hab\u00eda obtenido en una competencia internacional en lanzamiento del disco\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPor su parte en el pico Norte,&nbsp; tapada con rocas, sin ser vista por quienes&nbsp; visitan el lugar, que yace la perrita \u201cFif\u00ed\u201d, animal que perteneciera a Juan J. Link, muerto en ocasi\u00f3n de un temporal desatado durante la tr\u00e1gica expedici\u00f3n de 1944, en la que perdieron la vida adem\u00e1s, Adriana Vance, Hans Kneil, el profesor Schiller. Pienso que a partir de ese secreto, de la perrita, quienes hagan cumbre seguir\u00e1n sacando piedras para ver lo que quedan de esos huesitos que estaban al sotavento de las temibles r\u00e1fagas del Pac\u00edfico. El d\u00eda que la encontr\u00e9 hab\u00edan pasado once a\u00f1os de su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>El lugar era bien visible, s\u00f3lo que ese d\u00eda la cumbre emerg\u00eda como para hacer un picnic. All\u00ed estuve&nbsp; m\u00e1s&nbsp; de&nbsp; dos&nbsp;&nbsp; horas,&nbsp;&nbsp; lo &nbsp;peor sin c\u00e1mara fotogr\u00e1fica.<\/p>\n\n\n\n<p>En todas las cumbres se dejan comprobantes de las llegadas, la hora, el estado del tiempo, los componentes, etc\u00e9tera. En una etiqueta de cigarrillos, hab\u00edan escrito dos nombres de chilenos, en el cerro Banderita Sur. En unos cartones de cajas de arroz, figuraban tres nombres del Club Andino de Buenos Aires y la fecha de llegada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una marcha llena de peligros<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSeguimos con lo nuestro. Cuando se arma la tormenta en el pico Sur, eran las 14.39 horas, del 2 de marzo del \u00b458, apuramos para regresar. Nada de fotos. Quer\u00edamos bajar, huir, escapar a las fuerzas ya desatadas. Se hac\u00eda dif\u00edcil el tr\u00e1nsito, la falta de visi\u00f3n, las piedras tapadas por la nieve nos obligaban a movernos con m\u00e1xima cautela, el viento con sus manotazos y a la derecha, tres mil metros a pique de vac\u00edo absoluto. M\u00e1s de sesenta minutos nos esperaban de marcha para llegar a \u201cLa Puerta\u201d, un estrecho pasaje para entrar a la canaleta. El tramo de hielo que est\u00e1 entre ambas cumbres nos permiti\u00f3 transitarlo por abajo, sin necesidad del uso de grampones y cuerdas, fue un alivio\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAproximadamente debi\u00f3 cumplirse una hora de marcha para que nuestra visi\u00f3n se transformara totalmente en difusa y nubosa, es lo que denominan la ceguera blanca. Un t\u00fanel totalmente oscuro. Por momentos apenas ve\u00edamos nuestros pies, nos observ\u00e1bamos a nosotros mismos como fantasmas, como seres extra\u00f1os de otros planetas. Grotescos, vacilantes, ah\u00ed se nos termin\u00f3 la marcha, se nos acab\u00f3 el piso&#8230; un paso m\u00e1s y el vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la salida, en todo caso, d\u00f3nde estaba la entrada a la canaleta?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Retrocedimos sobre nuestros pasos, el drama tomaba otra variaci\u00f3n. Las tres piquetas buscaban el suelo firme por donde descender unos treinta metros. No era simple. La piqueta toca el suelo a tientas, con cautela, siempre adelantado, golpeando y escuchando el rebote del ruido para poder seguir descendiendo. Era peligroso y lento, pero hab\u00eda que bajar, bajar se transformaba en la palabra seguir viviendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la direcci\u00f3n del viento no me doy cuenta que nos dirig\u00edamos hacia los paredones occidentales del Aconcagua. Desde el campamento base Plaza de Mulas, se los ve tremendamente verticales y tenebroso. All\u00ed permanec\u00eda seguramente el cad\u00e1ver de Giraudo, perdido en 1951. La nieve cobraba altura, ya nos llegaba a las rodillas, prueba suprema para nuestras piernas y pulmones. A medida que descendemos el terreno se vuelve m\u00e1s inclinado. Caminamos en forma transversal. Un cansancio alarmante se nos incrustaba dentro nuestro. La nieve era una tintura de roca y piedras de dudosa consistencia. Al tocarla con nuestras piquetas, sal\u00edan disparadas como refucilos hacia abajo\u201d<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"258\" height=\"226\" src=\"https:\/\/miguelandreis.com.ar\/opinion\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/nota-sobre-la-subida.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1020\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Los at\u00e9 a la cuerda&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDecido usar la cuerda, le doy un extremo de ella a Luca, comprendo que su estado era preocupante, parec\u00eda un zombi, me mir\u00f3, al parecer sin darse cuenta de para qu\u00e9 era la cuerda, no la tom\u00f3, insisto en que se la ate&#8230; nada. Hice un lazo doble, uno se lo coloque por el hombro como banda y otro como faja. Para hacer los nudos deb\u00ed sacarme los guantes. Ya que estos solo tienen libres el dedo pulgar, debajo ten\u00eda otros de lana tejida. Hice lo mismo con D\u00e1vila. El fr\u00edo era terrible, espantoso, ahora me doy cuenta, estaba aterrorizado, yo no pod\u00eda mover los dedos de ambas manos, se parec\u00edan a las de un muerto, los pulgares separados, abiertos. Sin hesitaci\u00f3n los enganch\u00e9 en el borde de la ropa del tronco y pegu\u00e9 ambas manos a la piel del pecho, no pude evitar un grito que brot\u00f3 ronco de dolor. Los segundos pudieron haber sido minutos, d\u00edas, aquello parec\u00eda eterno, hasta que empec\u00e9 a moverlos. Cuando se calientan el dolor es incre\u00edblemente intenso. Me brotaron l\u00e1grimas y mocos, m\u00e1s la nieve colada en la piel, la cara era una pasta.<\/p>\n\n\n\n<p>Atado yo tambi\u00e9n, comenzamos a faldear la pared, el viento hab\u00eda amainado algo, no as\u00ed la nevada, la visi\u00f3n mejoraba, ve\u00edamos entre cinco y diez metros. Comenzaba a oscurecer. El faldeo de la pared, siempre en descenso, debe haber sido de unos 120 metros. Ya por entonces la nieve nos llegaba la ingle.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos desatamos intuyendo que all\u00ed no hab\u00eda glaciares, por lo tanto tampoco grietas. Supuse algo menos de peligro.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras envolv\u00eda la cuerda les digo qu\u00e9dense aqu\u00ed, ir\u00e9 en busca alg\u00fan lugar para pasar la noche. Est\u00e9n atentos y cuando los llame, bajen. No s\u00e9 si fue error separarnos, pero est\u00e1bamos tan agotados que prefer\u00eda que ellos se repusieran descansando. Interiormente present\u00ed ser el que de los tres estaba en mejores condiciones f\u00edsicas, no obstante mi voz sonaba entrecortada. Sin ox\u00edgeno, el fr\u00edo y el cansancio te mord\u00eda por todos lados. Presagiaba una tragedia final&#8230;\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cRespiraba con mucho esfuerzo y deseaba seguir la lucha&#8230; esto me trajo poco a poco un lacerante dolor en el pecho, eran los bronquios, que el aire helado hab\u00eda empezado a lastimar con tanto env\u00edo. Tambi\u00e9n la mente se desgastaba y emerg\u00edan percepciones irreales, alucinaciones. Ante m\u00ed aparece algo enorme, oscuro, que me cerraba el paso; un pared\u00f3n, extend\u00ed la mano y no toqu\u00e9 nada, segu\u00ed descendiendo y s\u00ed, ahora estaba ante un pared\u00f3n que se perd\u00eda hacia arriba, justo fui a dar donde era vertical, extra plomo. La base me pareci\u00f3 aceptable para pasar la noche. Giro para dirigir los llamados donde estaban mis compa\u00f1eros&#8230;Lucaaa, D\u00e1vila&#8230; solo el viento y la nieve. No s\u00e9 los minutos que grit\u00e9&#8230; y volv\u00ed sobre mis pasos y sub\u00ed con la nieve casi a la cintura, busqu\u00e9 referencias y muy lentamente intent\u00e9 &nbsp;trepar\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Parec\u00edan muertos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cComienzo a subir en busca de los compa\u00f1eros, ya las pilas de la linterna estaban como yo, fundidas, segu\u00ed llamando sin respuestas. Pasaron muchos a\u00f1os desde aquellos momentos vividos. Los andinistas, con sus propias leyes de juego, all\u00ed se pierde la noci\u00f3n del tiempo y del espacio, lo que s\u00ed s\u00e9 es que nunca fui tan poca cosa como en aquellos instantes. Llegu\u00e9, los vi acostados, inm\u00f3viles, me conmov\u00ed, los sacud\u00ed insistentemente, gritaba, pens\u00e9 que estaban muertos. Se movieron. Insultaban&#8230; estaban vivos. Descendimos con mis muertos vivos, D\u00e1vila se qued\u00f3 unos metros y desvi\u00e1ndose, conversamos, cavamos un hoyo con las manos, all\u00ed cerramos los ojos un rato, la nieve nos hizo desaparecer de la superficie. Nos d\u00e1bamos calor con Luca y a cada rato nos habl\u00e1bamos para evitar dormirnos los dos, record\u00e9 en esos instantes a otros que pasaron iguales situaciones y no volvieron m\u00e1s\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El cuerpo rebotando entre las piedras<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl dolor en el pecho continuaba, era intenso, crec\u00eda, se extend\u00eda hasta los pulmones. Apareci\u00f3 la fiebre. Algo en m\u00ed no andaba bien. Supe que si respiraba hondo se reventar\u00edan. Amaneci\u00f3 y los chuchos de fr\u00edo fueron creciendo. Con Luca nos dijimos qu\u00e9 ser\u00e1 de D\u00e1vila, un ruido sordo, brutal, nos sobresalt\u00f3. Era un alud, empuj\u00e9 a Luca y rodamos contra una pared rocosa, tuve mejor suerte que \u00e9l. Apenas algo de nieve me entr\u00f3 por la ropa. Mov\u00ed las manos como remolinos hasta llegar donde se encontraba mi compa\u00f1ero. No nos toc\u00f3 la peor parte. Avanzar se nos tornaba complicad\u00edsimo, nos hund\u00edamos, compactando la nieve como pod\u00edamos, para que no nos tapara, ingresamos en una garganta enorme, no hablamos por temor a que las vibraciones de la voz produjeran nuevos desprendimientos. D\u00e1vila emergi\u00f3, casi no se ve\u00eda, hab\u00eda que bajar una cuesta. Ellos lo hacen por una soga mientras yo los sostengo, era mi turno, levanto un montoncito de nieve sobre una peque\u00f1a roca, le doy vueltas de soga. Intu\u00ed que eso no aguantar\u00eda demasiado. Les grito que esperen abajo, en el lugar donde hipot\u00e9ticamente pod\u00eda caer. Si no me atajaban, el vac\u00edo al que indefectiblemente me deslizar\u00eda, alcanzaba f\u00e1cilmente los 500 metros. La decisi\u00f3n no fue simple. Comienzo a descender, y enseguida la cuerda cedi\u00f3, y al instante sent\u00ed mi cuerpo rebotando pesadamente entre la nieve y el hielo. La ca\u00edda fue de varios metros. Ellos me trabaron para que no continuara rodando. Se sumaban m\u00e1s dolores. Insist\u00ed&nbsp; en continuar, ca\u00edamos, tropez\u00e1bamos\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDistintos grupos hab\u00edan subido a rescatarnos, todos los componentes de los distintos equipos, especialmente, estaban en nuestra b\u00fasqueda. En Mendoza, dos de los diarios m\u00e1s importantes titulaban \u201cUna expedici\u00f3n al Aconcagua bloqueada por el temporal\u201d. Prepararon ambulancias y equipos especiales. Los vimos. Ya no nos respond\u00edan las piernas ni los brazos, las reacciones del pensamiento eran lentas. Los gritos de j\u00fabilo de la gente penetraban nuestros o\u00eddos. Nos abrazaron, y sent\u00ed un gran dolor en el pecho cuando me apretaban afectuosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Luca, algo ciego, D\u00e1vila con los ojos cerrados. Nos subieron a unas mulas, todo parec\u00eda confuso, quer\u00edamos descansar. Nos informan que la cabalgata durar\u00eda dos horas. Nos embargaba la emoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;A Luca y D\u00e1vila no los volv\u00ed a ver, alguien me cont\u00f3 que a ra\u00edz de aquellos acontecimientos hubo en ellos un deterioro f\u00edsico y moral. Mi suerte fue m\u00e1s benigna a pesar de haber tenido principio de congelamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Debi\u00f3 pasar algunos meses, con un tratamiento especial, en el mismo a\u00f1o, con otro amigo, escalamos el cerro Chiquero (5.285 metros) virgen hasta nuestra visita\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>(Narraci\u00f3n: Marcelino Arballo)<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marcelino Arballo, (81 por entonces), radicado desde hace varios a\u00f1os en Villa Mar\u00eda, es uno de los pocos monta\u00f1istas argentinos que logr\u00f3 ascender en cinco oportunidades al imponente Aconcagua. En 1997 se cumpli\u00f3 el centenario de la primera \u00a0excursi\u00f3n exitosa a la monta\u00f1a m\u00e1s alta del continente occidental. 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