Escribe: Raquel Baratelli
No mezclemos las cosas, chicos, que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Una cosa es la muchedumbre porque sí, porque estás cansado de extrañar a tus amigos, de no poder ir al cheboli; porque anhelas el asadito, necesitas el picnic de primavera, aunque sea con atraso y te la mandaste igual, aunque un decreto te lo prohíba y pongas en riesgo real la salud colectiva. Y otra cosa es la necesidad de despedir a un ídolo, que ni siquiera podrás ver en el jonca, pero por lo menos le tirarás tu camiseta para que se la lleve a la tumba. Porque no es lo mismo, viejo, un contagio masivo después de un día de playa atestada de gente irresponsable sin barbijo, que un rebrote después del velorio multi multitudinario, popular y sentido en el alma por gente irresponsable sin distanciamiento de Maradona. Un hombre común, sí, pero con un don indiscutible; un tipo que tuvo que sobrellevar la fama, una personalidad controvertida, una vida con muchos vaivenes, un físico gastado que al fin descansa.
Hoy, una multitud, agradecida por la sensibilidad de un gobierno sensato y humanitario, que permitió y organizó el último saludo a lo grande de un grande, duerme triste, contagiada de Covid pero tranquila por haberse despedido como corresponde; mientras tanto, el sistema de salud tiembla.
A ver, chicos, la muerte de un ídolo popular no puede pasarse por alto, el adiós al Diego no es cualquier adiós, pero así como “la camiseta no se mancha”, “con la salud no se juega”.


