Vamos a la playa ho, ho, ho ho, ho ho.
Escribe: Raquel Baratelli.
Temprano llegó el verano a nuestras vidas, con calorones extremos y una sequía que achicharró hasta la paja brava. Tiempo loco, viejo, cosas del calentamiento global que no sólo ha provocado el cambio climático sino que, inesperadamente, también sería el causante de cambios en el comportamiento de la gente.
Dicen las malas lenguas que cuando la neurona se recalienta pierde la capacidad de razonar correctamente, se vuelve volátil y adquiere un déficit atencional importante, hechos manifiestos a penas el termómetro pasa de los 30 C, traducido en una irresistible necesidad de boludear día y noche, habitualmente experimentada por los adolescentes, hoy extendida al mundo adulto.
Pasado el vendaval del año, juzgada Cristina, dormido el modo grieta, pagado el bono navideño y silenciado el modo marcha; ganado el mundial y con la copa en casa, habiendo pasado ya Papá Noel, con la esperanza puesta vaya a saber a dónde y a sabiendas que los Reyes Magos poca magia podrán hacer por aliviar la vida argenta, ningún alma puede más.
Querés enterarte de lo que acontece en política, economía, productividad, educación, salud? Sorry, hoy por hoy, todo es verano, playa, sol, joda loca, no estamos para el bajón y así lo entienden la mayoría de los canales televisivos y radios en los que abundan novedades de la vida personal de jugadores de football y sus mansiones, la ola polar en el hemisferio norte, la casa de Gran Hermano, algún dato aislado sobre la inseguridad… y pará de contar; parece que el país ha entrado en un stand by hasta que la neurona logre renovarse.
Prendas la tele, leas diarios, escuches radio, todo está en “modo verano”, hasta el gobierno y sus asuetos sorpresivos, en pos de seguir levantando la copa, la del mundo, la de navidad, por el fin de año, por el principio…
En fin, chicos, así estamos, meta “chin chin”, con una sonrisa boba puesta en la cara, consumiendo imágenes de playas y ríos, de jóvenes contentos, familias distendidas, turistas curiosos y deseosos de disfrutar las vacaciones al compás de la música más fiestera, dale que va; sigamos creyendo que el verano todo lo sana, que el año nuevo per se trae cosas nuevas, vivamos en esta realidad idílica y virtual, que poco tiene de real.
Pasado el “modo felices fiestas”, dejá que te invada el ánimo estival con todo lo bueno de descansar y derretirse al sol, mantené vivos los deseos de prosperidad y entregate al “modo verano”, eso sí cuidate de la insolación y del dengue, oídos sordos a los pesimistas de siempre que quieran pincharte el globo, a sabiendas de que no hay veranito que dure cien años, ni deseo capaz de impedir que vaya pergeniándose el bajón inevitable de un año que se las trae .


