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Imagen de Miguel Andreis

Miguel Andreis

El famoso Cuco.

Escribe: Raquel Baratelli.

También llamado El Viejo de la Bolsa, tuvo su momento de gloria tiempo atrás entre las amenazas disciplinarias con las  que los adultos, pretendían lograr el buen comportamiento de los niños traviesos; peor que la peor penitencia, culpable de más de una pesadilla entre los infantes, aunque nunca llegara realmente, el Cuco, venía a ser la encarnación abstracta de la maldad y podía enquistarse en la mente de los  miedosos como una sensación de peligro siempre latente, tal como en una peli de suspenso o de terror, en las que de repente ¡sácate! pasa lo peor.

En la peli Argenta que vivimos día tras día, donde el peligro siempre nos asecha, al Cuco se lo llama “Ellos”.  Culpables de males del pasado, que dejaron al país en la ruina o precursores de males por venir, que dejarán al país peor que nunca, “Ellos” constituyen una presencia maligna perenne, a la que echan mano los políticos, dirigentes y gobernantes, cuando las papas queman, pretendiendo sacarse responsabilidades de encima y justificar desaciertos. Década tras década, la idea instalada  de un mal mayor ha tomado diversas formas adaptándose a los discursos, con más  o menos énfasis. Así, “Ellos” representa a los que estuvieron antes, a la oposición que pone palos en la rueda, a los sectores disidentes, a sectores poderosos de la población, a sectores medios o bajos, derecha, izquierda, gremios u organizaciones sociales, según corresponda de acuerdo a la orientación política de quien hable y a la distancia temporal de períodos electorales.

A ver, chicos,  estamos entraditos en años, sabemos que el Cuco no existe, que el Viejo de la Bolsa no viene, entendemos que el peligro inminente no es una entidad maléfica sobrenatural, abstracta y autosuficiente que nos cae de sopetón en el momento menos pensado. En el mundo real Ellos pueden llegar a ser Nosotros y  tanto los unos como los otros llegarán al poder, gestarán aciertos y desaciertos e indefectiblemente generarán cagadas difíciles de sobrellevar, nada sobrenatural ni fortuito.

Bueno sería que si queremos que los mercados se comporten, que la población no proteste ni llore caprichosamente y que todos caminemos derechito hacia el éxito nos dejemos de amenazas  y de bandos antagónicos. Por el bien de la humanidad, viejo, hagan el esfuerzo, pórtense bien, o quieren que el Cuco se haga realidad.

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